EL CASCABEL

La novela llamada futbol
Por Marco Antonio GUTIÉRREZ MENDOZA

Estimado lector y lectora, como en cada entrega le saludo con mucho gusto. Espero que se encuentre bien y disfrutando de su domingo. Como bien sabe, nos encontramos en plena efervescencia mundialista. Tardó en arrancar la pasión por este Mundial de Norteamérica 2026, pero al parecer ha llegado con las buenas actuaciones de la Selección Mexicana en la fase de grupos. Por supuesto, el fenómeno del futbol tiene varias vertientes a nivel mundial. En realidad, es un deporte relativamente joven y mucho más reciente es el enorme aparato que significa la Federación Internacional de Futbol Asociación, mejor conocida como la FIFA. Al final, esta federación controla, organiza, comercializa y proyecta la pasión de millones de personas.

El futbol no es sólo un juego. En entregas pasadas denunciaba y reprochaba declaraciones y actos como los de Lionel Messi al estrechar la mano y festejarle chistes a Donald Trump, u otros jugadores que dicen sólo jugar y que sus actos no tienen repercusiones más allá. El futbol es un acto social; nació de las clases populares y trabajadoras y entra al campo de lo político como catalizador. Como prueba está el clásico español entre el Real Madrid y el Barcelona, que refleja la lucha por la autodeterminación catalana frente al poderío central de Madrid. Aquí, en México, contamos con el clásico América vs. Guadalajara, que representa un enfrentamiento entre el equipo del pueblo, las Chivas, y los millonetas del América.

Al ser social, el futbol también impacta como un deporte de entretenimiento para las masas. Justo en nuestro país uno de los mejores ejemplos es Televisa, empresa de telecomunicaciones que dominó los contenidos mediáticos durante años, no sólo en México sino en toda Hispanoamérica, y que es dueña del Club América. No es extraño que esa dupla, empresa y equipo, se complemente al haber lanzado a lo largo del tiempo productos en conjunto, como El Chanfle, historia de un aguador del América protagonizada por Chespirito, o historias como el romance, hace un par de décadas, entre Memo Ochoa, entonces portero del América, y Dulce María, protagonista de la telenovela Rebelde, entonces carta fuerte de la barra de entretenimiento de Televisa.

En resumen, el futbol está en esta ambivalencia entre lo social, lo comercial y lo político. En cada uno de estos y otros aspectos es determinante. Sí, es un deporte, pero también es una herramienta para otros fines, no necesariamente malos o buenos. Para dimensionar lo que significa este deporte hago uso de una cita del directivo y exjugador Jorge Valdano: “El futbol es lo más importante de las cosas menos importantes”.

Todo este antecedente sirva para reflexionar sobre una discusión que veo constantemente en redes sociales: ¿se puede disfrutar de eventos como el Mundial aun con los enormes temas que aquejan a nuestro mundo? Sobre esta pregunta hay voces que dicen que, en su conjunto, el futbol, y en concreto la FIFA, se ha cerrado a pronunciarse en contra de temas como la guerra, las hambrunas y los genocidios. No sólo no se ha pronunciado, sino que además se ha aliado y ha avalado a figuras como Donald Trump al premiarlo públicamente.

Por otro lado, como esquematizaba, el futbol es un entretenimiento con una profunda raíz social; está presente en los barrios, en los colegios y en los centros de diversión. Poetas, cantantes y sociólogos como Bourdieu y Galeano han dedicado profundas reflexiones sobre cómo el juego de pelota está presente en el constructo social.

Con todo lo anterior cabe también la reflexión sobre si la FIFA, los patrocinadores y algunas fuerzas políticas han acaparado el futbol, por lo menos el profesional. Esto surge a raíz de lo caro de las entradas a los estadios durante el presente Mundial y de los costos para observarlo por televisión de paga. Definitivamente vivimos en una ambivalencia en la que el futbol profesional responde de manera más clara a visiones utilitaristas y en la que la FIFA es un organismo poderoso por su influencia, que se apega a los intereses de los sectores capitalistas más radicales.

Pero, por otro lado, también es una realidad que el futbol se puede seguir disfrutando. Por más esfuerzos que se hagan, el futbol continúa siendo un importante elemento de la vida de las personas a lo largo del planeta. A pesar de que las élites empresariales, políticas y comerciales quieran acapararlo, el futbol es social. Pasa a la inversa del arte, en el que el mismo Bourdieu comentó que lo reproducen las élites para las masas. Acá es al revés: el futbol viene de abajo. Cristiano Ronaldo y Messi viven del clamor de las masas, se deben a ellas y, sin su consumo, no son nada.

Predigo que, en el futuro, el futbol debe despolitizarse y realizar un examen de conciencia. Así como los Juegos Olímpicos debieron hacerlo tras la Segunda Guerra Mundial respecto a lo ocurrido en Alemania, también el futbol debe preguntarse a quién responde, aun cuando haya un dictador sentado como anfitrión, como hoy ocurre en este Mundial con Trump.

Tengo más de 30 años viendo futbol y, durante este tiempo, ha estado inmerso en la corrupción nacional e internacional. Es la eterna novela de lo comercial sobre lo deportivo. Me ha tocado ver la novela llamada Selección Nacional, en la que siempre nos ilusionamos en los mundiales y luego vivimos un terrible desencanto. En todo este tiempo me he lamentado, he analizado y he sufrido, pero al final entiendo mi vida con este espectáculo. Es parte de mi cotidianidad, como lo es para muchas de las personas que me puedan estar leyendo y, como cada aspecto de nuestras vidas, suponiendo que aceptamos que el futbol lo es, debemos ser críticos de su tratamiento y desarrollo.

Para los siguientes días espero lo mejor para nuestra selección, así como para el país y el mundo. Hay un montón de cosas pendientes, pero para todo se puede y se debe poner su justa atención y acción. Efectivamente, el futbol organizado es una mafia que mueve muchas cosas, pero estamos en tiempos de cambio. ¿Por qué el futbol no puede ser una de ellas? Al final, como dijo Valdano, de las cosas menos importantes es la más importante.

Buen domingo. Será hasta la próxima.


(*Estimados lectores: las opiniones compartidas en esta colaboración son responsabilidad de quien las emite y no de este medio de comunicación. Sin embargo, aquí se respeta la libertad de expresión de todos).

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