ANATOMÍA DEL SISTEMA

¿Médicos de excelencia o medicina de mediocridad?
Dr. Jesús BENAVIDES OLVERA

En días recientes se abrió un debate inquietante: la aparente contraposición entre formar más médicos para cubrir las necesidades del país y formar médicos de excelencia. La discusión parece sencilla, pero encierra una pregunta de fondo: ¿puede un sistema de salud aspirar a la cobertura universal renunciando a la excelencia?

México necesita más médicos; nadie lo discute. Durante décadas acumulamos déficits de personal, especialmente en regiones rurales y zonas marginadas.

El propio gobierno federal ha señalado la necesidad de incrementar el número de profesionales de la salud y ampliar la capacidad instalada del sistema.

Sin embargo, cantidad y calidad no son conceptos opuestos.

La historia de la medicina demuestra que los mayores avances sanitarios han sido impulsados precisamente por médicos extraordinariamente preparados: quienes desarrollaron nuevas técnicas quirúrgicas, quienes impulsaron programas de vacunación, quienes construyeron institutos nacionales de referencia y quienes formaron generaciones enteras de profesionales.

Ningún país presume hospitales de excelencia atendidos por médicos promedio.

La excelencia médica no es un privilegio; es una obligación ética. Cuando una madre llega con una hemorragia obstétrica, cuando un niño requiere un diagnóstico oportuno de cáncer o cuando un paciente sufre un infarto, no desea ser atendido por un médico “suficientemente bueno”. Quiere ser atendido por el mejor médico posible.

La verdadera desigualdad no consiste en que existan médicos excelentes. La verdadera desigualdad ocurre cuando sólo algunos tienen acceso a ellos.

El objetivo de una política pública moderna debería ser democratizar la excelencia, no combatirla.

Formar miles de médicos es indispensable. Pero formar miles de médicos excelentes es aún mejor. La cobertura sin calidad produce estadísticas; la cobertura con calidad produce salud.

Resulta paradójico que, mientras el propio gobierno impulsa tecnologías avanzadas, inteligencia artificial, digitalización de expedientes y modernización hospitalaria, se cuestione indirectamente la aspiración a la excelencia profesional.

Los sistemas de salud más exitosos del mundo no eligieron entre cantidad y calidad; apostaron por ambas.

México no necesita menos médicos de excelencia.

Necesita que la excelencia deje de ser una excepción y se convierta en la norma.

Porque en medicina, la mediocridad nunca ha sido una política pública aceptable. Y cuando la enfermedad toca la puerta, ningún ciudadano pide ser atendido por un médico ordinario.

Todos, sin excepción, buscan al mejor…

“La justicia social en salud no consiste en repartir la mediocridad de manera equitativa, sino en garantizar que la excelencia llegue a todos”.


(*Estimados lectores: las opiniones compartidas en esta colaboración son responsabilidad de quien las emite y no de este medio de comunicación. Sin embargo, aquí se respeta la libertad de expresión de todos).

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