
La irrupción de un comando de aproximadamente 150 hombres en una comunidad indígena de Guatemala, en la frontera con Honduras, reveló la estrategia del Cártel de Sinaloa de buscar consolidar un nuevo corredor terrestre para el tráfico de cocaína hacia México, ante el endurecimiento de las acciones estadounidenses contra las rutas tradicionales por mar.
El ataque ocurrió el 26 de mayo en San José de las Lágrimas, municipio de Esquipulas, en donde el diario Milenio observó los estragos de la agresión atribuida al Clan de Los Lorenzana, grupo vinculado al grupo mexicano.
En el lugar, al menos 10 casas que eran habitadas por indígenas guatemaltecos quedaron reducidas a cenizas, y una persona fue asesinada a balazos.
Autoridades de Guatemala consideran que lo ocurrido es consecuencia de una disputa por el control de una emergente ruta estratégica para el tráfico de cocaína que inicia en Colombia y termina en México.
Las relaciones entre el Clan de Los Lorenzana y el cártel mexicano han sido señaladas por el gobierno de Estados Unidos en investigaciones y esquemas de sanciones relacionados con el tráfico internacional de drogas, precisamente por la vía terrestre.
Los habitantes de San José de las Lágrimas grabaron con sus teléfonos celulares la incursión del grupo armado. En las imágenes se observa a hombres que llegaron en camionetas recientes, equipados con chalecos balísticos y rifles de alto poder, una escena que recuerda a los operativos de grupos criminales en territorio mexicano.
“A nosotros nos impactó y nos preocupó porque son personas que están en riesgo en esa área; no lo habíamos vivido acá, una situación tan complicada como esta”, explicó el alcalde de Esquipulas, Carlos Alberto Duarte.
En la comunidad permanece una cruz improvisada construida con madera, que señala el lugar exacto donde cayó el cuerpo de la víctima mortal del ataque.
Los sobrevivientes aseguran que los agresores actuaron de manera coordinada, que llegaron de Copán, Honduras, una población que se ubica a menos de un kilómetro de distancia de San José de las Lágrimas, Guatemala.
“Entraron ahí y todos bastante andaban armados. Nos dijeron: ‘Salgan afuera (sic)’. Uno comenzó a prender fuego a la casa y ya no pudimos sacar nada”, relató una de las personas desplazadas, entrevistada por el diario Milenio.
Al menos dos mandos militares de Guatemala, consultados por el diario Milenio, confirmaron que el gobierno de ese país, desde hace un par de meses, mantenía activa una investigación ante la presunción de la presencia del cártel mexicano en esa zona fronteriza, lo que quedó reforzado tras el hecho violento ocurrido el 26 de mayo.
El gobierno de Guatemala sostiene que el corredor fronterizo de Esquipulas está cobrando importancia por dos factores: el primero, por el reforzamiento en la vigilancia de las costas de Centroamérica y Sudamérica, por parte del gobierno de Estados Unidos, que ataca con misiles las lanchas de traficantes; y el segundo, porque el gobierno de El Salvador aumentó la vigilancia en sus fronteras.
Esquipulas está enclavado en una zona estratégica para los grupos criminales transnacionales. Es prácticamente una frontera tripartita, compartida por Honduras, El Salvador y Guatemala.
La combinación de ambos factores estaría empujando a las organizaciones criminales a buscar nuevas rutas terrestres.
En ese escenario, el corredor que conecta Colombia, Centroamérica y, posteriormente, México, adquiere un valor estratégico para mantener el flujo de cocaína con destino final al mercado estadounidense.
Durante la incursión de los sicarios aliados del Cártel de Sinaloa, soldados del ejército de Guatemala, desplegados a menos de 150 metros del poblado, enfrentaron durante cerca de 30 minutos al grupo armado.
Tras el enfrentamiento, fueron aseguradas camionetas y armas abandonadas por los agresores durante su retirada. Sin embargo, la amenaza persiste.
Después del ataque comenzaron a circular videos acompañados de ‘narcocorridos’ en los que se lanzan advertencias contra quienes permanezcan en la comunidad y se anticipa el posible regreso del grupo armado para afianzar su control sobre la zona.
Para las familias desplazadas, la violencia ya modificó su vida cotidiana. Para las autoridades, Esquipulas podría convertirse en uno de los nuevos escenarios de disputa por las rutas del narcotráfico en Centroamérica.
Información de Milenio.



