¿Cobertura universal? Hagamos el examen de la OMS
Dr. Jesús BENAVIDES OLVERA
En México se habla con frecuencia de cobertura universal de salud. Cada administración presume avances, nuevas instituciones o ampliación de programas como evidencia de que el país se acerca a ese objetivo. Pero antes de aceptar esa afirmación, conviene hacer una pregunta elemental: ¿qué entiende realmente la Organización Mundial de la Salud por cobertura universal?
La respuesta cambia por completo la discusión.
Para la OMS, la cobertura universal no significa que una persona tenga una credencial, pertenezca a una institución o viva cerca de un hospital.
Significa que toda persona pueda acceder, cuando lo necesite, a servicios de promoción, prevención, diagnóstico, tratamiento, rehabilitación y cuidados paliativos, con calidad suficiente para resolver sus problemas de salud y sin que el costo de esa atención comprometa la economía de su familia.
En otras palabras, la cobertura universal descansa sobre tres principios fundamentales: acceso oportuno, calidad efectiva y protección financiera. Si cualquiera de ellos falla, la cobertura deja de ser verdaderamente universal.
Con esos criterios, vale la pena comparar los estándares internacionales con la realidad de México y, particularmente, de Chihuahua.
Indicador Estándar OMS / Referencia internacional México Chihuahua
Gasto público en salud Al menos 6% del PIB para avanzar hacia la cobertura universal. Alrededor de la mitad de esa referencia. Comparte la misma restricción estructural al depender en gran medida del financiamiento federal.
Protección financiera El gasto de bolsillo debe ser bajo para evitar el empobrecimiento por motivos de salud. Cerca del 40% del gasto total en salud proviene directamente de las familias. El crecimiento de hospitales, laboratorios y consultorios privados refleja que muchas familias pagan por servicios que el sistema público no logra proporcionar oportunamente.
Recursos humanos Personal suficiente y distribuido equitativamente. Menor disponibilidad de médicos y enfermeras que el promedio de la OCDE. Déficit de especialistas y marcada concentración de servicios en las principales ciudades.
Infraestructura Capacidad hospitalaria suficiente para responder a la demanda. Menor número de camas hospitalarias que la mayoría de los países de la OCDE. Déficit de camas y presión constante sobre los hospitales públicos, especialmente de alta especialidad.
Acceso oportuno Atención dentro de tiempos clínicamente adecuados. Persisten listas de espera para consultas, estudios y cirugías. Las demoras impulsan a muchos pacientes a buscar atención privada.
Calidad de la atención La atención debe resolver efectivamente los problemas de salud. Existen diferencias importantes entre instituciones y regiones. La calidad depende, con demasiada frecuencia, del lugar donde vive el paciente y de la institución que le corresponde.
La conclusión es difícil de ignorar.
Si la cobertura universal fuera un examen, la OMS no preguntaría cuántas personas tienen una credencial. Preguntaría cuántas reciben atención de calidad, sin esperar meses y sin poner en riesgo el patrimonio de su familia. Bajo ese criterio, México todavía tiene un largo camino por recorrer.
En Chihuahua esa distancia se percibe todos los días. La expansión de hospitales privados, consultorios, laboratorios y servicios diagnósticos no responde únicamente al crecimiento del mercado; también refleja una realidad incómoda: miles de personas recurren al sector privado porque no encuentran una respuesta oportuna en el sistema público.
Cada consulta pagada por falta de cita, cada medicamento comprado por desabasto y cada cirugía realizada fuera de las instituciones públicas representan una brecha entre el derecho constitucional a la salud y la atención que realmente reciben los ciudadanos.
Esto no es un juicio contra quienes sostienen el sistema. Médicos, enfermeras, personal técnico, administrativo y de apoyo realizan un esfuerzo extraordinario para atender a una demanda que supera con frecuencia la capacidad instalada. Pero ningún sistema puede depender permanentemente del heroísmo de sus trabajadores.
La cobertura universal no se construye cambiando nombres de instituciones ni multiplicando anuncios. Se construye invirtiendo de manera sostenida en atención primaria, hospitales, personal, medicamentos, tecnología y gestión. Se construye fortaleciendo la capacidad de resolver problemas de salud, no únicamente la capacidad de registrar afiliaciones.
Porque el verdadero examen no lo aplica un gobierno, ni la oposición, ni los medios de comunicación.
Lo aplica el paciente el día que enferma. Si encuentra atención oportuna, recibe un tratamiento de calidad y regresa a casa sin haber comprometido el patrimonio de su familia, el sistema aprueba. Si debe esperar meses, comprar sus medicamentos o endeudarse para recuperar su salud, el sistema reprueba.
Ese es el examen de la OMS. Y también debería ser el examen con el que los ciudadanos evaluemos cualquier política pública en salud.
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