A DECIR VERDAD

El nuevo Maximato: Uno tiene el poder, la otra obtuvo los votos
Por Rubén Iñiguez/
La Voz de Jalisco

No tiene para cuándo irse, ni caso hace de no intervenir en su deseo de forjar el futuro en el presente, imponiendo candados, seguros y represalias a Claudia Sheinbaum, en caso de que esta se desvíe del recto camino de la salvación que el Mesías de Macuspana impuso como senda inevitable, en el caso de ser demócrata, progresista y plural, a la elegida.

Uno tiene el poder, del movimiento que encabeza, en el que sus dichos son la ideología determinante, sus ocurrencias, mandatos y caprichos, órdenes fulminantes para aplicarse por medio de todos sus siervos, sembrados incluso entre los nombrados para el nuevo gabinete de Claudia Sheinbaum.

Claudia obtuvo los votos, pero en la práctica acceder al poder no será una transición simple, de buena fe e integral que todos supondrían a su favorita, a la que besó como Judas al momento de entrar al Palacio Nacional. La transición está limitada, supeditada a la obediencia de las formas que implementó el padre de la 4T y ella no puede ser la hija desobediente.

Será muy presidenta, pero sus ideas difieren de las de López Obrador, por una razón elemental: En el caso de la Reforma Judicial, Sheinbaum, por medio de Olga Sánchez Cordero, indicó que es buena la reforma al Poder Judicial, pero en el transcurso de los años, luego de un proceso paulatino que mejore la calidad y seguridad del Poder Judicial.

Hay que recordar que no solamente los jueces son el Poder Judicial. Que el trámite a resolver sobre un indiciado para determinar acto de prisión preventiva, mientras se resuelve el sustrato del asunto y se llega a la sentencia, obedece en primera instancia a las hechuras del Ministerio Público, de la Policía, de los cuerpos destinados a la investigación del delito, y esta etapa se hace de forma insuficiente, chapucera, violando las disposiciones de derechos humanos del individuo, que arruinan el procedimiento y que hacen imposible que el encarcelado siga ahí porque no se substancia de forma sólida la querella ministerial, con demostración del delito y las causas que ameriten la detención amplia.

Esto quiere decir que Claudia acepta la idea de la reforma judicial, pero no de manera imprudente, no al estilo de Bolivia, en que se elegirá al juzgador más simpático, al mejor bailarín, o cuenta-chistes, en cuyo caso, hasta el payaso “Brincos Dieras” podría llegar a la judicatura, pues es popular, agudo y tiene miles de seguidores, que importa si sabe derecho o no, y si conoce las formas judiciales, los términos y la realidad de lo que juzga.

Olga está consciente que cambiar el nombramiento de 10 mil funcionarios judiciales no consiste en hacer enchiladas. Primero la preparación, la carrera judicial, la experiencia, la probidad, luego el concurso de meritocracia, o de sucesión, una vez que se ha sido funcionario menor y merezca si su capacidad y honestidad lo determinan, un ascenso a la judicatura.

Entonces, no saben cómo justificar el camino de votar y elegir jueces un domingo cualquiera, o hacer una encuesta entre incondicionales de Morena, para hacerse funcionarios de la noche a la mañana, y temer todos porque el crimen organizado sería uno de los principales interesados en tener injerencia en los nombramientos, o en vetarlos.

Y con ello la justicia sería una entidad de Kermesse, como las de las bodas ficticias o la cárcel en que te detienen por no pagar impuestos.

Lo grave, es que en materia penal, serán jueces impuestos y obligados a cumplir consignas, entonces la culpabilidad ya no importaría. Pregunten a un sicario de cartel si le preocupa la culpa de eliminar a un ser humano, y que al hacerlo solamente cumple con su trabajo, y el trabajo de un juez impuesto por el crimen organizado, o una persona mal preparada, solamente haría lo mismo, absolver personas por cumplimiento del deber.

No, los caminos de Claudia no pueden ser los mismos, aunque lo quisiera hacer, porque los planes de López Obrador fueron incongruentes, los errores magnánimos, la polarización extrema y el daño al país permanente, que debe ser corregido y superado para que el estado sea viable.

Hacerlo no supone que gane las simpatías como las logró López Obrador, comprando el amor de los ciudadanos en una economía inflacionaria que empobrece a todos y exige la pensión para subsistir, no una labor productiva para salir adelante, generando incluso tributos al estado y bienestar real, no ficticio.

No creo que abandone esa estrategia, pero tampoco que deje hundir al país por preservarla, si no alcanza, no dará pensiones. Y el endeudamiento nacional es muy alto, el riesgo del peso es real, y los factores de inversión no creen todavía en lo que no es tangible, el poder nuevo de Claudia, sus decisiones, su visión nacional.

Poca inversión nacional se ha anunciado por el Consejo Coordinador Empresarial, ente sujeto a las nuevas políticas desde López Obrador, pero que las dé a conocer este organismo no asegura que se concretarán, y FEMSA, es decir, Coca-Cola, es prudente en ese sentido.

El nearshoring se fue sin llegar verdaderamente, como Tesla. Y eso no creo que sea del agrado de Claudia que va a gobernar una economía crítica, paralizada, como lo pretende el Tlatoani López, en que solamente se pueda invertir por parte del estado, y no de forma rentable en Pemex o CFE, o en el Ejército.

Si bien, Claudia no se ha atrevido a reconocer la “militarización” ciertamente sabe que los nombramientos por venir serán claves en la recuperación de la sociedad civil y de la autonomía de su gobierno, de la supeditación a la influencia castrense. Necesariamente, no podrá estar de acuerdo en gobernar una ínsula Barataria, como Sancho del Quijote, en que se coma mal, no se tenga libertad, y menos aún se vea prosperidad.

Eso conviene en el mapa del totalitarismo, pero eso convierte a un país en un pueblo mendigo y sin recursos. Claudia sí estudió para comprender que por encima del sistema, está el poder que no puede ser mutuo, compartido, acotado, limitado, cercado por los mandos del poder fáctico, ya sean militares, el crimen organizado, o el propio sector privado que quema sus últimas esperanzas en ver si el cambio a una actitud conciliadora, y de respeto al derecho, llegan con Claudia, porque con López Obrador, todo eso se alejó.

Mucho tiene que ver que no se quiere ir. El que espera incluso una guerra, para correr a defender a la Patria, desde Palacio Nacional, el museo de la monarquía que se reactivó en la 4T, mucho tiene que ver en que esté dispuesto a dejar su idílico rancho en la Chingada para venir como Santa Ana, desde Hacienda del Clavo, una y otra vez, de manera providencial a meter su cuchara, a torcer más lo torcido, todo para rescatar a la dama en apuros, a la Patria en peligro y hacernos ver a los votantes como unos ingenuos que creímos que con el voto otorgábamos el poder y el bastón de mando a Claudia, la primera presidenta de TODOS los mexicanos, no a una marioneta cuyos hilos tiene que romper de forma inexorable, o los rompe y rompe el mito y la fuerza del titiritero, o nos arrastra a un abismo en que no bastará ni con López Obrador, vestido de Chapulín Colorado para salvarnos.

A diferencia de López Obrador, Claudia sí lo sabe, lo analiza y entiende que no tenemos dos presidentes en funciones, que es un cargo individual, y que de sus decisiones dependerá todo el futuro de los más de 120 millones de mexicanos, ahora todos la apoyamos y esperamos que sea la primera mujer presidenta, con todas las prerrogativas de su cargo y un gran sentido de responsabilidad y nacionalismo que la haga comprender las disyuntivas reales que ignoró su antecesor.

Mostrar más
Botón volver arriba