EL HILO DE ARIADNA

La rebelión anti-digital vs tecnologías humanistas
Por Heriberto Ramírez

El tránsito de la docencia del sistema presencial a las tecnologías virtuales significó una solución inmediata de cara a la emergencia sanitaria que en el primer trimestre del año hubo que enfrentar. Por suerte muchas universidades, tal vez no todas, contaban con los recursos tecnológicos para solventar el problema. Así, los docentes en pocos días nos dimos a la tarea de adquirir las destrezas necesarias para manejar de la mejor manera nuestros dispositivos para atender las necesidades de nuestros estudiantes.
En medio del desconcierto las reacciones fueron muy diversas, algunas de gran adaptabilidad, quizá por un conocimiento previo de estas herramientas o simplemente por una comprensión de la situación; otras en cambio fueron de franca animadversión, recojo la expresión de uno de mis estudiantes “es que no estoy aprendiendo nada”, para abandonar el curso antes del término semestral.
En otros niveles educativos también afloraron reacciones de inconformidad, o por no contar con los recursos indispensables, o tal vez, por nostalgia al contexto tradicional, con la algarabía de los compañeros y la voz motivadora de las maestras o maestros. Manifestaciones que se han acompañado de estadísticas anunciando que algunos millones de estudiantes han decidido abstenerse de ser parte de un sistema de educación virtual. Esos son hechos para llamar la atención de quienes trabajamos en educación.
Hace cuestión de días el reconocido filósofo mexicano Guillermo Hurtado, junto a otros destacados académicos Fernando Curiel, Virginia Guedea, y Humberto Muñoz, hicieron público un Manifiesto titulado “Las humanidades y la pospandemia”, en el periódico La razón con una amplia circulación en las redes sociales. El breve documento enfatiza que:
Si el tiempo de la pandemia ha sido de la medicina y las ciencias naturales, el tiempo de la pospandemia tendrá que ser de las humanidades y las ciencias sociales. Las humanidades -entre ellas, la filosofía, la historia y las letras- tendrán que trazar un nuevo camino para nuestra especie. Las ciencias sociales -como la sociología, el derecho y la economía- tendrán que explicarnos cómo corregir los problemas que se han agudizado con la pandemia. Tanto unas como las otras deberán trabajar en equipo y hacerlo también con las demás ciencias.
México debe realizar cambios profundos para entrar con pie derecho en la pospandemia. A las humanidades y las ciencias sociales, que les han prometido un rol más prominente, casi siempre se las sigue ignorando. No basta con que el Conacyt incluya una “H” en sus siglas. Es preciso diseñar una genuina política de Estado para las humanidades y las ciencias sociales fundada en nuevos instrumentos, fórmulas y prácticas.
Es momento de que las humanidades -sostienen en su Manifiesto- y las ciencias sociales entablen un diálogo entre ellas para afrontar los retos que le impondrá la pospandemia. Este encuentro tendrá que brindar un mapa de ruta para lo que resta del siglo. Las humanidades y las ciencias sociales en México, no pueden desatender las tareas a las que están llamadas con urgencia. Los humanistas y los científicos sociales deberán imaginar, diseñar y construir las nuevas narrativas, ideologías, instituciones y estructuras de la pospandemia.
Terminan haciendo un llamado a las instituciones, asociaciones y demás organismos de las humanidades y las ciencias sociales en México para que, con altura de miras, den aliento a este proyecto de reflexión y acción.
La cuestión es, ¿cómo las humanidades pueden ofrecer alternativas que satisfagan las inquietudes de quienes no encuentran en la educación virtual una vía satisfactoria para sus expectativas? De entrada, pienso, las humanidades han de buscar una alianza potente con las nuevas tecnologías digitales en lugar de pugnar por su rechazo o eliminación, lo cual significaría un retroceso imperdonable.
Buscando una respuesta me adentré en el libro Humanismo y nuevas tecnologías de José Luis Molinuevo y su propuesta consiste en plantear que “un humanismo integral opera mediante síntesis poliestéticas, en las que intervienen todos los sentidos, y no solo predominan el de la visión. Así ocurre en la nueva cultura audiovisual. Ello propicia la creación de nuevos entornos, es decir, de replantearse de modo más positivo las relaciones con la naturaleza en las tecnologías de inmersión, y también en una estética relacional de la comunicación que refuerce críticamente los espacios públicos”.
Queda claro que las tecnologías virtuales aplicadas a la educación en sus formatos actuales resultan incapaces de seducir a una buena cantidad de usuarios, quizá les parezcan insulsas, superficiales y hasta frívolas, y por lo tanto inviables, todavía, para funcionar como medios para alcanzar fines considerados por ellos como prioritarios o de una alta jerarquía en su plan de vida.
Por otro lado, los maestros debemos sentirnos congraciados de que estos estudiantes reclamen su derecho a una educación presencial, significa que nuestro trabajo para ellos es fundamental.
Lo anterior nos confronta a si este humanismo tecnológico será capaz, siguiendo de nuevo a Molinuevo, de cristalizar nuestros intentos de “torcer” el singo de algunas tecnologías e intentar pilotar otras; en una sociedad basada en valores que nos sean el de comparar y vender.

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